Capitulo 2: Un gran dia

16 08 2008

Despues de mucho esperar, aqui teneis por fin el segundo capitulo de la novela de Ander, aun sin titulo por cierto, aunque me prometio que para el 4º capitulo tendria ya un titulo,asi pues no os entretengo ams, solo un inciso: Mañana nuevo capitulo de Electroshock, ahora si, leed y disfrutad:

Durante los siguientes minutos, solo el cantar de los pájaros mañaneros perturbaba el silencio sepulcral que reinaba la habitación de Aron, desde que él siguiendo las indicaciones de un sueño, había encontrado un cajón con viejas historias que no veía hace años. Un rato más tuvo que pasar para que Aron se auto convenciese de que aquel suceso no era nada paranormal, sino simplemente alguno de los tantos trucos que nuestra mente suele jugarnos, pero Las divagaciones del impresionado chico fueron al fin detenidas por un amplio y basto rugido de su estomago que le recordaba que ya era la hora del desayuno y de que si no bajaba rápido, en cualquier momento entraría Rita, su ama de llaves, limpiadora y amiga para decirle como todas las mañanas que si no bajaba enseguida el desayuno se pondría malo.

Tras asearse un poco, encontrar las zapatillas de estar por casa, y guardar la caja de cartón vieja en su respectivo lugar, Aron Wright se disponía a olvidar aquel sueño y bajar a desayunar alguna delicia preparada por los excelentes chefs de los que alardeaba la familia Wright siempre que se presentaba la ocasión. Como Aron suponía y con precisión suiza, a los quince minutos de retraso, la puerta sonó tres veces, unos instantes después por esta entro Rita, una señora de origen español, más concretamente sevillana, gorda, risueña y con una extraña dificultad para pronunciar la letra “S”, esta le dijo con una sonrisa en la boca:

- -¡Vamos Aron!, que luego el desayuno no te gustará, que te lo he hecho con todo el amor del mundo – comento ella soltando una pequeña risa. Aron sabia que significaba, y es que, la señora Rita, cada vez que estaba contenta, se ponía a cantar música típica de Sevilla, a veces hasta le daba por bailar con el personal de la casa, y esto, no les hacía mucha gracia, pues excepto Tom y Rita, el resto de los que trabajaban para la familia Wright tenían modales hasta para dormir

- -¿Otra vez tú cantando?, acabaras haciendo que nos tiren del pueblo – comento Aron sonriendo, pues El y ella se llevaban tan bien que se trataban como amigos

- -¿Pero será… el pijo este?, que yo no soy cantante para no dejar mal a la Pantoja, anda, levanta que sino ahora mismo me pongo a bailar unas sevillanas – dijo ella riendo mas y tirándole un almohadón que tenía a mano

- -¿Pantoja?… ¿ y como que Pijo?, ahora veras lo que sabe hacer un guiri de los buenos – le dijo Aron recogiendo el almohadón y abalanzándose sobre ella

- -Con que quieres guerra eh, te voy a enseñar el estilo sevillano de Kung Fu con almohadones, te vas a enterar – le dijo ella riendo y cogiendo otro almohadón.

Entre cariñosos golpes con almohadones, risas y la casi ruptura de un jarrón Hindú del siglo XVIII, Aron y Rita llegaron a la puerta del comedor, antes de marcharse Rita arregló un poco a Aron con las manos, le dedico una palmada en la espalda y se marcho tarareando alguna canción desconocida para el Wrigth.

Decidido a Arreglar la discusión del día anterior, Aron entro con su mejor cara, dentro se encontraban su madre y su hermana entre carcajadas y tragos de café. Cuando se percataron de su presencia, hubo un pequeño instante de un incomodo silencio, que fue cortado por Aron:

- -Mamá… solo quería pedirte disculpas por mi comportamiento ayer, solo tuve un mal día.

- -No te sonrojes por pedir perdón, es algo bueno hacerlo, pero de todas formas, en este caso la culpa fue mía, tu padre y yo estamos tan acostumbrados a que saques buenas notas, que a veces y por costumbre, nos comportamos como si tus dieces no fuesen tan importantes, asique que yo quiero pedirte perdón por eso – comento Abie con una sonrisa de madre orgullosa.

- -Y a ti, Sandy, siento contestarte mal, simplemente hablaba sin pensar, y dije cosas que me gustaría no haber dicho – dijo Aron mirándola a los ojos e intentando ser lo más sincero posible

- -Tranquilo, los hermanos tenemos que pelearnos, es parte de ser hermanos, no pasa nada – comento ella también sonriendo

- -¡Pues ya está!, tu padre quiere hablar contigo luego del desayuno, después de eso, me gustaría ir de compras contigo, por esta vez, que la ropa no sea hecha exclusivamente para ti, compremos como la gente normal, ¿Qué, te apuntas Aron? – Dijo su madre con un gran entusiasmo

- -Yo también voy – dijo Sandy también entusiasmada

- -Claro mamá, me encantaría ir de compras – Realmente a Aron no le hacía ninguna ilusión salir de compras con su hermana y su madre, pero ellas estaban tan felices, que no se pudo negar.

- -Entonces perfecto, hoy haremos una salida en familia.

El desayuno continuo entre risas, tragos de café, bollería casera dulce de la mejor calidad e historias universitarias en el comedor de los Wright, al parecer, aquella mala racha de Aron había acabado por fin.

Al terminar de desayunar, Abie, recordó a Aron que su padre lo esperaba en su despacho, del que últimamente no solía salir, excepto para comer e ir al baño. Con apurados pasos e intentando no parecer desesperado Aron subió a su habitación, volvió a pasar por el servicio, nuevamente miro los ordenadores y se dirigió a hablar con su padre, pero antes de cruzar la puerta de su habitación, fue distraído una vez más por aquel Armario verde, aunque pocos segundos después volvió en sí y se marcho dirección el despacho de su padre.

Si bien la mansión de los Wright era grande, a Aron cada vez que iba a aquel despacho el camino se le hacía el doble de largo, pues aquel joven londinense solo podía hablar tranquilamente con su padre los sábados, días en los que este ultimo hacia un lugar en su ajetreada agenda para dedicarle un poco de tiempo a su único hijo varón, y esas charlas Aron no las cambiaba por nada en el mundo.

Una vez más se paró en seco frente aquella imponente puerta de madera, golpeo tres veces y esperó la respuesta de su padre. Tras unos segundos una voz desde dentro lo invitó a pasar, y Aron sin tardanza abrió la puerta, y saludo a su padre. En aquella habitación con suelo de parquet, estanterías llenas de libros, y varios ordenadores que mostraban las fluctuaciones de la bolsa, Aron siempre se encontraba a gusto, le recordaban a los sábados y a las incansables charlas con su padre junto a la estufa a leña. Tras unos segundos, aquel hombre, de pelos negros, tez blanca y unos grandes ojos azules dijo:

- -Buenas Aron, ¿Qué tal el día?

- -Bien, mucho mejor que ayer – contestó Aron sentándose en la silla negra y de oficina que se encontraba frente al escritorio de Axel y antes de que este ultimo gesticulara palabra el chico agregó – Quería pedirte disculpas papá, se que ayer hable de muy mala manera a todo el mundo, lo siento por tratarte mal, se que, solo querías lo mejor para mi comprando ese ordenador.

- -Aron, no hace falta que pidas perdón, se lo importante que eran todos esos trabajos para ti, y también se que últimamente estoy un poco ausente, incluso más de lo habitual, la verdad es que, peligra la fortuna Wright, la economía mundial tiene problemas, y si no soy rápido podemos perderlo todo, por eso mi ausencia – comento su padre dejando sus papeles y ordenadores, para por primera vez hace días, mirar a su hijo a los ojos.

Aron quedo atónito ante lo dicho por su padre, y es que Axel como todos los empresarios, había pasado por muy malos momentos por la crisis del petróleo que por aquel entonces acontecía, pero aun pasando las peores situaciones, nunca había admitido que su trabajo y su familia corrían peligro. Antes de que Aron pudiese decir algo su padre agregó:

- -Mira Aron, debo serte sincero, hoy no podremos tener nuestra charla semanal como es debido, lo siento mucho, pero déjame mirar el reloj, aún son la una, hasta las dos podemos charlar un poco, y luego vamos a comer, ¿te gusta la idea?

- -Claro que sí papá – Contesto su hijo con una sonrisa.

- -Pues entonces déjame que te cuente que es lo que está pasando en el mundo, siéntete afortunado hijo, pues lo que voy a contarte, la gente de a pie, no lo sabrá hasta dentro de unos cuantos días.

Aron se puso cómodo y se dejó seducir por la excelente forma que tenía su padre para narrar los sucesos. Durante la siguientes horas y la comida, su padre y el no hicieron más que mantener una excitante charla sobre muchísimos temas de actualidad, intercambiaron opiniones, rieron a montones y sobre todo sorprendieron a Abie, que hace tiempo que no veía a su esposo tan tranquilo.

Las horas se hicieron segundos para Aron que hacía tiempo que no hablaba tan a gusto con su padre, y como él ya sabía, Axel debía marcharse a continuar trabajando, asique con un cálido abrazo padre e hijo se despidieron hasta la cena de aquella noche.

Sandy le recordó a su hermano de un grito que tenía quince minutos para prepararse y estar en el coche destino centro comercial, Aron casi no recordaba la cita, y es que estaba aún pensando en todo lo que su padre le había contado, por lo tanto tardo unos segundos en comprender lo que su hermana le decía, unos momentos después ya se encontraba en su baño peinándose y cambiándose la ropa.

Diez minutos más tarde Aron ya estaba perfumado, cambiado y peinado, listo para una salida familiar al centro comercial, se disponía a salir cuando algo volvió a llamar su atención, frente a él se encontraba aquel armario verde que tanto lo había asustado por la mañana. Vaciló un momento, Pero no había tiempo para perder pensando en sueños, ya que, seguramente su hermana y su madre ya se encontrarían en el coche esperándolo.

Rápidamente Aron bajo las grandes escaleras de mármol del recibidor, se encontró con Rita, que al parecer intentaba enseñarle a bailar sevillanas a Stephen uno de los mayordomos de procedencia Inglesa, este ponía todo su empeño pero quedaba claro que el mayordomo no tenía el toque que hacía falta para bailar. Aron dedicó una sonrisa a Rita que no paraba de reírse del burdo intento de Stephen por bailar, apurando nuevamente los pasos, el joven atravesó la puerta que daba al garaje y en el, se encontraban Abie, Sandy y Tom que lo esperaban entre carcajadas y chistes, al verlo su hermana dijo:

- -Aron, tú qué crees, ¿vamos en los deportivos o en la limusina?

- -Creo que es poco discreto ir con un Ferrari y un Aston Martin por la calle, ¿no crees? – dijo aron riendo

- -Anda que una limusina es mucho más discreta – contestó su hermana que estaba deseando conducir aquel Ferrari rojo que no paraba de seducirla.

- -Yo pienso como Aron, sería mejor ir en la limusina, ¿tú qué crees Tom? – agrego Abie

- -Por favor señora, no me ponga en ese compromiso, yo me limito a conducir – contesto Tom quitándose el sombrero de conductor

- -¿Cómo que señora?, cuantas veces te lo tengo que decir, soy Abie, y en todo caso, señorita – comento ella sonriendo para que Tom entendiese que solo era una broma

- -Bueno, da igual, vamos en la limusina – Agregó Sandy que no quería arruinar el día.

Así es que, unos momentos más tarde, Tom, Sandy, Abie y Aron se encontraban en la limusina y de camino al centro comercial.

El viaje al centro comercial fue de lo más entretenido para Aron, las anécdotas sobre novatadas a los más jóvenes dejaron paso a un tema bastante más serio, Las nuevas y estrictas normas que regían desde hacía ya dos años en la universidad de Oxford, y es que cada vez el ingreso a esta universidad era más complicado, el intelecto y la capacidad de trabajo, que antes eran la principal cualidad para ser admitido, habían sido sustituidos por otras características mucho menos importantes, tales como la familia de la que venía el alumno o la capacidad económica de sus parientes más cercanos. Así es como Luxtes, se había convertido en la cantera para los jóvenes que luego concurriría a acabar sus estudios en Oxford, claro está que aún se pedían muy buenas notas para entrar, pero se podía ver como poco a poco esta prestigiosa institución pasaba de ser de la cuna de la enseñanza a un lugar donde los adinerados padres pudiesen dejar a sus hijos mientras ellos viajaban por el mundo haciendo negocios o simplemente malgastando sus fortunas en paradisiacas playas y hoteles de lujo. Tom les llamaba los nuevos nobles, burgueses incapaces moral e intelectualmente de llevar adelante un mundo corrompido por la codicia y el egoísmo, claro que saliendo de la boca del nieto de un revolucionario cubano, estas palabras sonaban como simples paranoias.

A Aron le hubiese encantado que el viaje fuese más largo, pues le apasionaba hablar de este tipo de temas, pero cuando menos se lo esperaba la limusina frenó suavemente, por los cristales negros de esta, Aron pudo ver que ya se encontraban dentro del parking de el centro comercial, y para cuando bajaron del coche, su hermana y su madre ya habían dejado de hablar de aquel tema para volver a su ilimitado repertorio de anécdotas graciosas. Despidieron a Tom, que volvió al asiento del conductor a escuchar y cantar Jazz, la mejor forma que el encontraba de soportar las desesperantes horas en las que sus jefes no estaban y el debía esperarlos. Aron le dedico una amplia sonrisa antes de marcharse y apresurando un poco los pasos alcanzó a su hermana y su madre que como siempre ya se le habían adelantado.

Un par de horas más tarde Aron ya se había arrepentido de aceptar aquella invitación, y es que, si a los chicos ya les desespera salir a comprar con mujeres que paran en cada una de las tiendas, de cada una de las plantas, de cada uno de los centros comerciales a los que van, Abie y Sandy se llevaban el premio gordo, pues no solo miraban cada vidriera, sino que también entraban a cada tienda, charlaban con cada dependienta y hasta compraban en casi cada uno de los locales, y esto para un joven de diecisiete años, no era sinónimo de un buen sábado. Pero Aron mantuvo la calma y no se desesperó, se compró bastante ropa, zapatos, un reloj e incluso un nuevo ordenador portátil que utilizaría solamente para hacer copias de seguridad de todas y cada una de las cosas que hiciese, y de este modo se mantuvo distraído. Su hermana y su madre, en cambio, en esas dos horas ya se habían comprado unos cuantos pares de zapatos, ropa de toda clase, marca y color, unos cuantos bolsos, teléfonos móviles nuevos, un sofá nuevo para la habitación de invitados, cortinas y hasta un cachorro de Dálmata al que le llamaron Quino.

Otra hora más tarde y aún faltando una planta del centro comercial por recorrer, Aron, armado de bolsas de todos los colores pertenecientes a su hermana y con unas cuantas más de su madre, sintió como alguien le tocaba la espalda, se dio la vuelta y frente a él se encontraba una chica rubia, de ojos celestes, bastante baja de estatura y con una pequeña bolsa en la mano, era Brenda, una amiga de la infancia que Aron no veía hacía ya tiempo, esta le dijo:

- -¿Aron eres tú?

- -¿Brenda?, ¡Dios mío cuanto tiempo!, ¿como estas?

- -¡Aron!, me alegra mucho verte – contesto ella sonriendo y dándole un fuerte abrazo

- -Y a mí, ¿qué haces por España?

- -¿Recuerdas a Tim?

- -¿Tu hermano?

- -Si. Pues resulta que el verano pasado vino de vacaciones y conoció a una chica de aquí, se casan el miércoles – contesto ella sonriéndole y mirándolo de arriba abajo incrédula de habérselo encontrado después de tanto tiempo

- -¿Tim se casa?, pues felicítalo de mi parte, y dale mi pésame a la chica – contestó Aron riendo

- -Tú y tu humor, se lo diré – contesto ella riendo aún más y mientras decía esto se escuchaba la voz de una mujer, desconocida para Aron, que llamaba a Brenda advirtiéndole que tenían poco tiempo para irse.

- -¿Quién es la que te llama?

- -Es una larga historia, ya te la contaré, escucha, me gustaría que vengas a la boda como mi acompañante, toma mi número, llámame mañana y te lo explico todo mejor – dijo ella mientras le daba otro abrazo a su amigo

- -Vale, te llamaré, cuídate – contestó Aron sonrojándose

El sorprendido chico se quedo inmóvil unos segundos, ¿acababa Brenda de invitarlo a una cita?, se dio la vuelta para ver la cara de su madre y su hermana que seguro que se estarían riendo de él, pero, tras girarse no había nadie, seguramente ellas se habrían ido a seguir comprando, asique Aron decidió que lo mejor era volver a la limusina y esperarlas con Tom escuchando un poco de música jazz.

A Aron no le fue muy complicado encontrar la limusina, pues, en la segunda planta de aquel húmedo parking público, los únicos sonidos que se escuchaban claramente eran la emblemática voz de Billie Holiday y la de Tom, que a ratos le hacía los coros con el entusiasmo de un niño pequeño. Aron llego a la limusina y también se puso a cantar, entró en el asiento del copiloto, y con una sonrisa y una voz desafinada, subió aún más el volumen de la música que los mantendría entretenidos hasta que a Sandy y Abie les diera por volver a la limusina.

Luego de dos horas más, unas cuantas llamadas de atención de los vigilantes del parking y un par de helados de Chocolate y nata que Aron fue a buscar, los dos aficionados a la música negra pudieron ver como dos montañas de bolsas y cajas se acercaban a la limusina. Tom bajó la música y Salió a ayudar con las bolsas a las dos chicas, que aún cargadas hasta la cabeza no paraban de reír y charlar, parecía imposible encontrar madre e hija que se llevaran tan bien como Abie y Sandy. Estas al entrar en la limusina le preguntaron a Aron que había pasado y donde se había metido, durante el camino él les explico que había estado haciendo y apenas terminar, su madre, eufórica de felicidad por que su hijo iría a su primera boda de alguien ajeno a la familia, ya estaba llamando para que el modista de la familia fuese a hacerle un traje exclusivo y a medida para el casamiento de Tim.

La noche ya se asentaba en cada rincón de la península ibérica, y en la mansión de los Wright se respiraban aires de tranquilidad, Sandy yacía muerta de sueño sobre el sofá de la sala de juegos mirando la televisión, Abie se encontraba con Rita bordando y tomando café, pues en casa de los Wright ya se había cenado, Axel continuaba metido en su despacho haciendo números y llamando a gente de otros países, Tom se encontraba en su habitación chateando mediante el ordenador

Con su hermana que se había quedado en Cuba y el joven Aron Wright, se encontraba frente a su ordenador, guardando un banner que acababa de hacer para un concurso. Cuando acabó de utilizar el ordenador se marchó a la cama, se acostó y dejó que el cansancio lo abatiera, no sin antes repasar en su cabeza el gran día que había tenido, todo había salido bien, la mala suerte lo había abandonado seguramente para ir a molestar a otra persona y había enmendado todos los errores del día anterior, todos excepto uno. Arrastrándose sobre la cama de sabanas blancas y dos plazas Aron cogió el teléfono de su habitación, con el mando universal bajó el volumen de la televisión y tras esto marcó el número tres de la memoria. Unos segundos más tarde contestó una voz joven y que parecía estar comiendo:

- -¿hola?

- -Hola Eric, soy Aron, ¿Qué tal estas?

- -Ah, ¿qué pasa cara huevo?, aquí, cenando para ir a la fiesta de Mireia – contestó Eric aún mascando la comida

- -Bueno, no te quiero quitar mucho tiempo, solo quería pedirte perdón por lo mal que me porté ayer – dijo Aron mientras miraba la tele

- -¿Ayer?, ¿Qué pasó ayer?

- -Ayer… discutimos, y todo eso… – agrego Aron para que Eric haga memoria

- -¡Ah!, es verdad, ya me había olvidado, pero ya me acuerdo, no pasa nada tío – Contestó Eric tragando y llevándose más comida a la boca

- -Bueno, pues eso, que quería pedirte perdón y que intentaré no ser tan borde contigo

- -¡Mamá, llévate a George o lo saco a patadas! – grito de repente Eric

- -¿Qué?

- -No, nada, le decía a mi madre. Nada, que no me importa que hayas mirado a mi chica, que estas perdonado

- -¿mirado a tu chica?, no discutimos por eso – dijo Aron frunciendo el entrecejo

- -¿a no?

- -No

- -Ah, pues, entonces estas perdonado, sea lo que sea que hayas hecho

- -Bueno, pues gracias, ya nos veremos el lunes entonces – dijo Aron sin saber bien que contestar

- -Espera, no cortes, escucha, el jueves hay una fiesta a la que no irá mucha gente, es algo sencillo, normalito para que vallas cogiéndole el gustillo, ¿quieres venir?

- -No lo sé, lo pensaré, y el lunes te contesto ¿vale?

- -¡Ya está, a este perro me lo cargo, va a prender a patadas a no intentar comerse mi comida! – grito Eric haciendo que Aron casi suelte el teléfono del susto

- -Bueno Eric, te dejo, que te veo bastante liado, nos veremos el lunes, ¿vale?, hasta luego – dijo Aron con los oídos aún pitándole

- -Vale, chau – contestó Eric y colgó.

Aron cayó nuevamente sobre la cama, esta vez con una sonrisa más amplia, el día había sido perfecto, todo había salido bien, todos y cada uno de los errores que había cometido el día anterior estaban solucionados e incluso tenía planes para dos días de la siguiente semana y eso no era muy habitual en aquel joven poco sociable. De repente le vino a la cabeza el sueño, y seguidamente relaciono su gran día a aquella extraña e inquietante experiencia, ¿de verdad era posible que el humor de una persona cambiase tan drásticamente de un día para el otro?, ¿que tuvo de especial aquel sueño?, pero las ganas de dormir atacaron a Aron, suave y tranquilamente sus parpados comenzaron a descender y con ellos desaparecieron todas las alocadas preguntas que inquietaban a aquel joven, que solo tuvo fuerzas para apagar las luces con el mando, y taparse con esas cómodas sabanas blancas que olían a flores silvestres.

- -Aron… – comentó una voz

- -Aron Wright… – se volvió a escuchar la misma suave voz que hizo a Aron despertar de un salto

- -¡no, no, no!, ¡esto no está pasando! – dijo aron poniéndose de pie de otro salto y mirando aterrado de arriba abajo a aquel cómico gnomo rojo que flotaba frente a él.

- -¿ah, no está pasando?, avísame antes y no vengo tan arreglado – contestó el Glum a forma de chiste antes de darle una larga calada a su habano

- -¿estás arreglado? – le dijo Aron intentando seguir la broma y así calmarse un poco

- -Ya está otra vez el chico listo, uno se pasa dos horas arreglándose para dar buena imagen y nadie aprecia su esfuerzo

- -Perdona, solo era una broma – agregó aron intentando excusarse

- -Lo mío también era broma, no te preocupes – dijo el Glum y se mantuvo en silencio, mirando a Aron fijamente que también lo miraba a los grandes ojos sin gesticular palabra, así estuvieron unos instantes hasta que el glum se distrajo para coger un habano de su bolsillo.

Momento que Aron aprovechó para intentar escapar corriendo a toda velocidad en dirección contraria a donde se encontraba aquel extraño gnomo. Durante treinta segundos, Aron corrió a toda velocidad, al llegar al minuto las piernas comenzaban a pesarle y respirar se hacía cada vez más complicado, a los dos minutos casi caminaba, antes de llegar a los tres minutos, Aron Wright ya había parado de correr y miraba a lo lejos, la silueta del glum que se mantenía inmóvil.

Intentando recuperar el aliento Aron se apoyó sobre sus rodillas y bajo la cabeza unos instantes, cuando vio como un poco de ceniza caía frente a él. Levantó con miedo la cabeza, y justo por encima de él se encontraba aquel acosador glum, que seguía mirándolo, este dijo:

- -Perdona, ¿te puedo preguntar algo?, ¿realmente esperas escapar de mi en el vacío, donde no hay espacio ni tiempo?

- -Pues no sé, no tengo muy claro que hay que hacer cuando un sueño te acosa – contestó Aron irónicamente

- -Eso también es verdad – le dijo el glum con rasgo pensativo,

- -Perdona, ¿te puedo preguntar algo? – pregunto Aron y luego de ver que el glum le indicaba que sí con la cabeza continuó – ¿de verdad esto es un sueño?

- -Ya estamos, claro que es un sueño, ¿qué iba a ser sino?

- -Yo que sé, estoy hablando con un glum rojo que invente hace años, que vuela y me persigue por el vacio, tal vez es que me estoy volviendo loco o algo…

- -Nada de eso chico, estas más cuerdo que nadie, al menos de momento, deje que a grandes rasgos te explique.

- -Pues explica – contestó Aron e intento sentarse, pero a su alrededor todo era blanco, y no parecía que hubiese forma de sentarse en el vacío, así que se quedo de pie y continuó mirando como aquel extraño ser volador fumaba y no le quitaba ojos de encima.

- -Es difícil, no sé ni cómo empezar, así que lo intentaré resumir lo más que pueda. La cosa Aron, es que como vez, estas durmiendo, estás en tu sueño– dijo el glum y permaneció callado

- -Vale… – dijo Aron esperando que el glum continuase hablando

- -Vale

- -¿Ya está?

- -Pues si

- -Si que se te da bien resumir – contestó Aron irónicamente

- -Venga inténtalo, seguro que puedes hacerlo mejor

- -Está bien. Aron, este es tu mundo

- -¿mi mundo?

- -¡Niño!, que no puedo explicártelo si me interrumpes

- -Perdón – dijo Aron por primera vez sintiendo más interés que miedo

- -Como decía, este es tu sueño, durante tu vida, has tenido muchos sueños, sueños cortos, largos, divertidos o terroríficos, de todo tipo, pero siempre con una similitud, al despertar nunca recuerdas mucho de ellos y al volver a acostarte, el sueño ya no está, por eso, este sueño es tan especial.

- -¿despertaré siempre en este sueño?

- -¡Calla!, aunque sí, más o menos esa es una de las cosas que tienes que saber, pero eso solo es el principio, lo importante viene a raíz de que estés condenado a vivir este sueño cada noche

- -La palabra condenado no es muy alentadora

- -¿ah, no?, pues debería, ¿no entiendes la magnitud de lo que te está pasando no?

- -¿Qué acabare harto de ti y de dormir?

- -Pues no Aron, bueno… tal vez si acabes aburrido de mí, pero eso no es lo importante, lo que realmente importa es que esto es un sueño, y que en los sueños, tú mandas

- -entonces, pongamos un ejemplo ¿por qué no puedo volar?- contestó Aron con claro rasgo escéptico

- -¿No puedes?, mira abajo – dijo el Glum tirando la colilla del habano acabado y sacando otro.

Aron siguió con la mirada la colilla y al instante sintió como un calor sofocante le subía por el estomago, la colilla había caído sobre un gigantesco lago, sobre el que el Glum y Aron se encontraban mágicamente flotando

- -¡Me ca…! ¿de dónde ha salido ese lago?

- -¿te sorprende que en un sueño aparezcan cosas y que puedas volar? – contestó el Glum sin dar mayor importancia

- -Si lo piensas así tampoco es tan extraño, ¿ósea que aquí mando yo? – dijo Aron muy escéptico

- -No preguntes, y desea algo, veras lo que pasa – le respondió el glum mientras de su bolsillo sacaba una silla de oficina y se sentaba

- -Entonces para empezar haré un pequeño cambio – al acabar de decir esto, la ropa de etiqueta y el habano de el rojo glum habían cambiado, ahora vestía con ropa hawaiana, en lugar de un habano en la mano tenía una piña colada y la silla que acababa de aparecer se había transformado en una duna de arena

- -¡Aron!, ¡ni un minuto y ya se te sube el poder a la cabeza!, menudo dictador acabaras siendo, entiende que la gente es libre de vestir como quiera – le dijo el glum mientras echaba un sorbo a la fría piña colada, entonces, antes de que Aron pudiese decir nada el rojo gnomo agregó – o no, deja, que así se está mejor, la verdad es que siempre pensé que lo formal no realza mis hermosos ojos, ¿tú qué crees?

- -Pues supongo… aunque lo único que lamento es que esto no sea real – dijo Aron cambiando con solo pensarlo su color de pelo al rubio y riendo

- -Para empezar vuelve a ponerte el pelo Negro, anda, que el rubio no te sienta bien, para seguir, ¿por qué crees que esto no es real?

- -Porque, esto es un sueño y los sueños no son realidad – contestó aron cambiando su ropa a la de un esquimal

- -¿Otra vez?, ¿nunca te han dicho que pecas de terco? Mira, es verdad que esta no es tu realidad, porque creo que coincidimos qué esta no es tu realidad, pero déjame que te demuestre algo – El glum sacó de su piña colada un bate de beisbol y se abalanzo sobre Aron, dándole un fuerte golpe en el brazo que de a poco comenzó a dejar un moretón en el lugar de impacto

- -¡Qué haces bicho! – grito Aron

- -Mañana cuando vuelvas aquí, tendrás ese grotesco moretón en ese mismo lugar, ¿no hace eso que el moretón en esta realidad sea tan real como uno que pudieses hacerte en tu realidad?

- -Bueno, en cierta forma sí, pero, por más que no me esté volviendo loco y que cada vez que duerma, despierte en esta realidad, por más que aquí yo pueda hacer lo que quiera, eso no hace que esto deje de ser solo un sueño – dijo Aron haciendo aparecer un palo de golf y una pelota

- -Aron, eso es lo que no entiendes, menosprecias el valor de un sueño, la gente normal, sueña, todos los humanos sueñan, y esto no es diferente a los sueños de esas personas, excepto por una cosa, tu sueño, tiene una continuidad, por esto tu puedes editarlo a tu gusto, lo que hagas hoy, permanecerá mañana, y lo de mañana pasado mañana, así todas las noches… eso es lo que tiene de especial, Aron, estas frente al génesis de una nueva realidad, algo que cualquiera podría hacer si tuviese control sobre sus sueños

- -Realmente estas consiguiendo marearme – dijo Aron pegándole con gran fuerza a la pelota.

- -Nadie dijo que esto fuese fácil. – contestó el glum cambiando su ropa a la de un golfista con pantalones boina y camisa a cuadros escoceses rojos y verdes

- -Tengo otra pregunta ¿por qué me cansé al correr, por qué puedo correr si en el vació no existe la fricción, por qué la pelota no siguió indefinidamente moviéndose al darle?

- -Tendrás muchas preguntas como estas, pero se resumen en algo muy fácil, porque así lo quisiste, estas tan acostumbrado a cansarte cuando corres que ni te planteas el no cansarte cuando lo haces, estas tan acostumbrado a que las pelotas caigan cuando les das, que ni siquiera puedes imaginártela moviéndose frente a ti indefinidamente, sin embargo deseabas tanto el poder volar, que no te supuso un problema hacerlo – contestó el glum haciendo aparecer una canasta de baloncesto y un balón.

- -Entonces, aquí, ¿si deseo poder levantar miles de kilos, saltar de un puente de cientos de metros y que no me pase nada o romper un romper un edificio con mis manos, lo podré hacer?

- -Hay dos cosas que debes saber con respecto a esto, la primera es que es muy fácil convencerte a ti mismo de que quieres algo, pero no es tan fácil convencer a tu subconsciente, si te pego te dolerá por más que no quieras, pues es algo que te pasa todos los días, sabes que si te tiras de un edificio te mataras, es algo que tu subconsciente da por hecho, sin embargo, no acostumbras a ver gente volando, por tanto, hay algo dentro de ti que aun cree en que puedes volar, si no fuese así hoy no habrías logrado volar. La segunda cosa que debes saber la dejaremos para mañana.

- -¿No tenía completo control sobre mis propios sueños? – dijo Aron tirando a canasta y metiendo un triple desde medio campo sin mirar a canasta

- -Y lo tienes, el límite es tu imaginación, solo que, tu naturaleza lógica, te impide hacer muchas cosas, tu inocencia infantil te permite hacer muchas otras, cuando estas dos entran en conflicto… tenemos un problema

- -Menudos líos, mi cerebro va a estallar – se dijo a si mismo Aron a modo de auto consuelo

- -Tranquilo, al despertar estarás como nuevo, el dolor o el cansancio de tus sueños desaparecerá, y este sueño no te perturbará mientras estés en tu realidad, no obstante, que te sientas así es una clara señal de que debemos dejarlo por hoy, hasta mañana Aron, felices realidades.

- -Espera, ¿tú que eres?

- -Solo te diré que no hay palabra en tu lengua para nombrarme, pues no existen palabras para lo que no se conoce, para ti soy tu glum, tu compañero…

- -¿por qué me pasa esto a mi?

- -Como veo que no te rindes deberemos recurrir al viejo método – Aron intentó contestar, pero sintió un fuerte golpe en la cabeza, poco a poco, todo fue atenuándose y los sonidos comenzaron a desaparecer, lo último que el joven escuchó fue la voz del glum diciéndole que contestaría a sus preguntas a su debido momento.

El sonido del despertador hizo saltar de la cama a el joven Aron Wright que yacía entre sabanas blancas, el chico a pesar de aquel inquietante sueño se despertó como nuevo, deseoso de que fuese la noche y pudiese volver a dormir para encontrarse nuevamente con aquel peculiar ser. Pero ya tendría tiempo para pensar en eso, era domingo y Aron quería aprovecharlo, salto de hermosa cama de dos plazas y se acerco a la ventana, movió las cortinas y pudo ver como los arboles temblaban frente a una colosal tormenta que hacía que aún pareciese de noche, Aron se dejo seducir por la bella imagen que la naturaleza le regalaba, aunque unos instantes después sonó la puerta tres veces, seguramente sería Rita, y seguramente, en el comedor, lo estarían esperando para desayunar con Sandy que esa misma tarde se marchaba devuelta a la universidad, claro, si el clima se lo permitía.





Capitulo 1: Un mal día

4 08 2008

Lo prometido es deuda queridos niños, y aunque ha llegado un poco mas tarde de lo previsto aqui tenemos el primer capitulod e la novela de Ander, creedme vale mucho la pena, por ahora tiene un buen comienzo que te dejara con ganas de más.

Con esta novela ya hay ods en Note Book Heaven, esta y Electroshock, que pronto tendra un nuevo capitulo.

El susurro de los radiadores regando el césped, junto con un cielo exageradamente azul, y el cantar de algún que otro pajaro , daban claro testimonio de que antes de la tormenta, existe la calma, hablamos de tormenta, porque el elitista colegio Luxtes England, para alumnos de clase social extremadamente alta, estaba a punto de cerrar sus puertas, era viernes, y sólo faltaban unos pocos minutos para que el timbre de salida sonara, y los jóvenes más adinerados de Europa corrieran camino a sus coches para regresar a casa a disfrutar de un gran y merecido fin de semana. En una de las tantas acogedoras aulas de esta institución multilingüe, se encontraba Aron Wrigth, un joven nativo de Inglaterra que vivía en España sólo para asistir a ese distinguido colegio. A su alrededor, una veintena de jóvenes con sus respectivos ordenadores portátiles última generación, hacían de todo menos atender al viejo Edmund, el premio nobel en matemáticas y profesor de la misma asignatura de dicha institución para los alumnos de último curso, éste, explicaba logaritmos complejos con el ímpetu de los primeros días, y como de costumbre, la gran mayoría ignoraba sus clases. Aron miró a su alrededor, pero nadie apartaba la mirada de sus portátiles, o al menos eso parecía, seguramente, y como de costumbre, estarían en el Messenger, hablando de algún tema interesante de gente popular, como el tema de moda esa semana, “lo mal que le queda el rubio a Anastasia” o el rumor de que Jhosep se había acostado con la profesora de literatura inglesa, una mujer extremadamente atractiva y muy joven. Pero para Aron, un chico claramente apartado de ese mundillo de diversión y situaciones comprometedoras, esos temas no eran más que una pérdida de tiempo, simples tonterías de niños, sin duda los objetivos de este joven se encontraban mucho más alto, lo realmente importante para él era entrar a Oxford, la universidad de sus sueños, ya dentro soñaba con estudiar ingeniería Robótica y algún día ser reconocido mundialmente, aunque el precio de esa meta fuese renunciar a la de diversión y las fiestas todas las noches.

El timbre de salida sonó al fin, y Edmund no tuvo tiempo de mandar deberes para la siguiente clase, ya que fue placado por una avalancha de jóvenes deseosos de abandonar aquella aula para ir a sus casas. Aron cogió sin prisa sus cosas, su portátil y su destartalada libreta, en ella no había ni apuntes, ni trabajos, ni operaciones matemáticas, solo un montón de dibujos, anotaciones para sus próximas novelas y toda clase de cosas inútiles para cualquiera que no fuese él mismo. En la pagina por la que estaba abierta la desgastada libreta, había un extraño Gnomo gordo de piel roja, vestido con traje de gala, idea inspirada en una anciana pequeña que seguramente se iba de fiesta y que Aron había visto la noche anterior volviendo de la biblioteca.

Luego de salir de su clase y ya de camino a su coche, donde lo esperaba su chofer, Tom, alguien llamo a gritos a Aron, Eric, su mejor amigo de la infancia, que dejaba un grupo de gente y se acercaba a él a largas zancadas, cuando lo alcanzo dijo:

- ¿Qué tal Aron?

- Bien, aquí, a pasar otro aburrido finde solo en casa, ah, por cierto, el de mates me mando deberes extra, según él sus ejercicios son demasiado fáciles para mi… lo que faltaba – comento Aron con voz baja, con claro gesto de enfado y mientras decía esto, arrancaba una hoja de uno de los tantos arboles que se encontraban a los lados del camino que daba al parking donde estaban los coches y la comenzaba a romper en pequeños pedazos

- Eso te pasa por cerebrito – se rio amigablemente Eric y agrego – Escucha, tengo que hablar contigo, hay una fiesta increíble mañana, ¿vendrás no?

- ¿Hola?, ¿tú me escuchas cuando te hablo?, tengo deberes extra, ni siquiera sé cómo puedes ir a tantas fiestas y entregar los trabajos que mandan de normal…, imagínate con extras.

- Pues muy fácil, no los entrego.

- Así te va…

- Puede que no tenga las mejores notas del instituto, puede que los de primaria saquen mejores notas que yo… ¡pero que me quiten lo bailado colega! – comento este con una sonrisa en la cara

- Sabes Eric, algún día, esto se acabará, en el mundo al que vas serás un simple nombre, las fiestas acabaran y dejaran paso al trabajo, y cuanto más estudios, más posibilidades de uno bueno, el nombre de la universidad de la que vengas y la nota con la que salgas de ella lo serán todo, y cómo vas, dudo que te cojan en una muy buena

- Pues, vale, de todas formas soy de lo más feliz con esta forma de vida

- Ahora…, espérate a dentro de unos años, te arrepentirás – comento Aron que ya había hecho añicos la hoja del árbol

- Puede, pero ¿sabe algo?, tú llevas toda tu vida estudiando, y cada vez estudias mas, entraras a la universidad, y no tendrás vida por estudiar, conseguirás todos tus títulos con honores, y llegaras muy alto… pero cuando mires a tu alrededor, y veas que tienes sesenta años y que en tu vida no has hecho más que hacer de tu existencia el trabajo, te arrepentirás de no haber aprovechado los mejores años de tu vida, porque con sesenta años no puedes hacer lo que con veinte

- Te equivocas Eric, cuando yo me valga por mí mismo, y no viva de la fortuna de mis padres, sino de la mía propia, y tu termines siendo un niño mimado que vive con mama a los 30 años, entonces serás tú el que te arrepentirás de no haber estudiado

- Aron, deja de decir tonterías, y vente a la fiesta te lo pasaras bien – comento Eric ya con claro gesto de estar enfadándose

- No iré, ni a esta, ni a la que viene, ni a la próxima, déjame en paz Eric

- Pues tú te lo pierdes, pásate el finde en casa con el ordenador y tus jueguitos, que solo te hacen perder el tiempo, o pásate estudiando, al fin y al cabo, siempre tiene que haber algún pringado que haga a la especie avanzar mientras los listos nos aprovechamos de su trabajo, ¿no? – Eric acabo la frase, pero Aron no parecía haberlo escuchado, ya se había alejado de él y estaba a punto de subir a su coche negro, donde lo esperaba un hombre alto y de tez morena.

El Chofer personal de la familia Wrigth, Tom, contaba con un excelente repertorio de clientes en su pasado, una docena de celebridades de todo el mundo, cantantes, escritores, productores e incluso un presidente, habían tenido el gusto de viajar de copilotos de este conductor procedente de Cuba. Al llegar Aron, Tom ya se encontraba junto a la puerta trasera del hermoso y limpio Auspring último modelo, la última moda en Francia.

El joven subió al coche, y el experimentado conductor cerro tras él la puerta y marcho a apresurados pasos hasta el asiento del conductor, sin más tardanzas el vehículo se puso en marcha, dirección Luxtes Town, una Gigantesca urbanización exclusiva para las familias del alumnado internacional que asistía al instituto, esta mini ciudad contaba con todos los caprichos que cualquiera pudiese imaginar, incluido un sistema de seguridad de última generación con 2 guardias de elite por cada 3 habitantes, un pequeño aeropuerto para los jets privados de las ajetreadas familias que Vivian de viaje y por si fuera poco una playa de aguas cristalinas privada, a la que solo podían acceder los residentes de Luxtes.

Ya a mitad de camino, Aron no podía quitarse de la cabeza la charla con su amigo Eric, ¿realmente estaba equivocado?, ¿ en verdad era mejor vivir la vida y pasar de los estudios?, al fin y al cabo, su familia tenía dinero para cuatro o cinco generaciones más de Wright, y sus padres tampoco estaban muy de acuerdo con el afán de Aron por dedicarse a la robótica, ellos querían que el siguiese los pasos de la familia y que un día, llevara adelante el imperio Wrigth como lo hacía en ese momento su padre. Sus pensamientos no tuvieron más tiempo de divagar, pues, la atenta mirada de Tom se había percatado de el malestar de Aron y el conductor ya había sacado de su manga, un tema de conversación para tener distraído al joven en lo que quedaba de camino.

El viaje se hizo corto con la amena charla del cubano, ese día, tocó hablar del abuelo Fernández, revolucionario cubano que lucho junto a las filas que consiguieron en el pasado derrocar el poder dictatorial que por aquellos días gobernaba una cuba destruida y “socialista”… por decirlo de alguna manera. Tom, solía decir que si su abuelo no hubiese muerto en un tiroteo poco antes de la caída de la dictadura, no se podría creer en lo que se había transformado su país, en tan solo una veintena de años, había pasado de la isla de la miseria, a el paraíso tropical en el que vivía toda estrella de cine que se aprecie.

La charla fue interrumpida al llegar a las puertas de la mansión de los Wrigth, Esta casa solía llamar la atención, y es que, si las casas de Luxtes ya eran de dimensiones insultantemente grandes, la de Aron era el mayor insulto, pues era la tercera más grande de toda la urbanización. El portón color dorado fue abierto por el vigilante de guardia, que saludo con gesto cansado con la mano, mientras intentaba disimular tras la espalda el donut que se estaba comiendo. La segunda puerta, esta de madera, se abrió para dejar paso al coche, que, tras un par de de maniobras rápidas y precisas, quedo aparcado perfectamente entre el Ferrari Concept rojo y el Aston Martin DB9, los dos favoritos del señor Wrigth. Tom se apresuro a bajar del coche, ir a la puerta trasera y abrirla para que su joven cliente bajara, pero para cuando llego, aron ya estaba a pocos pasos de la puerta que daba al recibidor, y este sin darse la vuelta comento:

- Gracias Tom, se bajar solo de un coche.

- De nada, y que tenga un buen día señor

- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me digas señor?

- Al menos, un par más… – comento el conductor, que al parecer había visto una mancha en el coche y ya se había apresurado a limpiarla con el trapo que siempre llevaba consigo.

Aron entró al recibidor, este, de un tamaño a proporción con la gigantesca casa, era completamente de mármol, adornado con unos cuadros muy antiguos e iluminado por una gigantesca araña de cristal que colgaba elegantemente en el alto techo de la mansión. Apresuradamente, el joven Wrigth subió las escaleras, grito un hola, en señal de que ya había llegado y se dirigió a su cuarto.


Con el tamaño de un campo de baloncesto, su habitación contaba con cientos de lujos que Aron nunca utilizaba, siempre se encontraba en los mismos 3 metros cuadrados de habitación, sus ordenadores y su cama, el resto, estaba simplemente para llenar espacios. Tirando las cosas en la cama, y sentándose entre los tres ordenadores que utilizaba simultáneamente, Aron miro primero los e-mails, tras percatarse de que no había nada nuevo, puso un poco de música en el segundo ordenador, mientras miraba unas líneas de programación con un fallo que llevaba incordiándole una semana. Mientras tarareaba un viejo hit de los años 90, se percató de que su tercer ordenador, un viejo aparato con ya varios años, había sido cambiado por otro, Aron, quedo perplejo unos segundos mientras un sudor frio le recorría la espalda, salto de la silla, salió a toda velocidad de su cuarto, fue hasta la otra punta de la casa, y se detuvo en seco, e intentando mantener la mayor tranquilidad, golpeo tres veces una gran puerta de madera. Tras unos segundos se escucho una voz decir:

- Adelante.

Con tranquilos pasos, Aron se adentro en el despacho de Axel, su padre, y con una voz excesivamente respetuosa dijo:

- Buenos días papá, perdona que te moleste, se que estas ocupado, pero…, ¿sabes que ha pasado con mi viejo ordenador?, ya sabes, el que tengo hace años

- ¡Ah!, sí, sí, lo cambié, te he traído uno nuevo, es de lo último en tecnología, en Europa no estará disponible hasta dentro de seis meses.

- Si, pero, es que me habías traído el de última generación hace tres días… – comento Aron intentando no hablar de mala manera

- Bueno, este es más moderno, ha estrenado hoy, y como a ti te gusta todo lo de la tecnología pues te lo he traído – comento Axel aun sin despegar los ojos de los papeles que tenía en las manos.

- Muchas gracias… – comento Aron irónicamente y continuó – ¿y acaso sabes donde esta mi viejo ordenador?

- Pues claro, en la basura, para que quieres ese ordenador viejo e inútil.

- ¿Estás hablando enserio?

- ¡Claro!, que tiene de especial ese PC

- Pues, tiene de especial, que en ese ordenador, era donde tenía, todos mis proyectos de programación, los planos de mi primer robot, decenas de ideas y anotaciones , ah y mi serie de novelas, ¡que estaba a punto de acabar!, ¡ muchas gracias señorito “solo existo yo”! – gritó aron sin poder contenerse

- Bueno, ¿supongo que tendrás copias de seguridad de todo eso no? – dijo el padre sin perder la forma, incluso sin dejar de mirar los papeles que tenía en las manos.

- Pues no, porque había formateado los otros dos ordenadores ayer, y que raro que no lo sepas, ¡te lo dije en la cena!

- Entonces si no tienes copias de seguridad, los has perdido, es una pena

- Serás… – Grito Aron lagrimeando, se acerco a su padre, le quito los papeles, y le dirigió una sarta de disparates e insultos

- Si ya has acabado, no golpes la puerta al salir – comento su padre, dándole la menor importancia a su hijo, recogiendo los papeles, y continuando con lo que hacía.

Aron, impotente, se dio la media vuelta, golpeo la puerta con todas sus fuerzas, y se marcho a su habitación, directo a la cama, a llorar desconsoladamente durante un buen rato.

Las horas pasaban, y Aron continuaba boca abajo apretando la almohada y sin pensar concretamente en nada, tres horas después de la discusión con su padre, saltó de la cama, y aun con la vista borrosa se dirigió a un placar lleno de discos, pen drives e incluso antiguos y obsoletos CD´s. Uno a uno y con paciencia, miro el contenido de todos los discos que tenía, pero no encontró nada que fuese de alguna manera relevante para él, todo su trabajo de años, había desaparecido por completo, simplemente, por un descuido, por no prever, por ser tan vago que ni le preocupo salvar los mas preciado para él, pero no hubo tiempo de continuar llorando, pues su padre había mandado un mensaje a su móvil avisando que lo esperaban para comer.

Sin perder un segundo Aron se dirigió al servicio, se limpio la cara para intentar disimular el llanto, se arreglo un poco y bajo sin mucha motivación las grandes escaleras de mármol para ir al comedor. Ya en el, se encontraban en otra habitación completamente de mármol, su padre, su madre y su hermana, que había venido de la universidad a pasar el fin de semana. En la gran mesa de roble, excesivamente grande para los que solían cenar en su casa, parecía haber una animada charla entre su hermana Sandy y Abie, su madre, siempre que la chica de la larga melena morena venia de visita a su casa, parecía que Abie se volviese la mujer más feliz del mundo, y eran pocos los momentos en los que Aron podía hablar con su hermana a solas, pues su madre la tenía constantemente de aquí para allá, yendo de compras, visitando la playa por más que fuese pleno enero o contándole sus anécdotas con las mujeres de los incontables grupos de amas de casa a los que Abie solía asistir.

Tranquilamente Aron se sentó, y con un “buen provecho” poco entusiasmado, invito al resto de sus familiares que comenzaran a comer. Durante toda la cena, las dos claras protagonistas fueron Abie y Sandy, que llegaban hasta el punto de hacer pensar a Aron que competían por ver quién tenía la historia más increíble para contar, pero cuando la universitaria comenzó a contar como unos chicos de su colegio habían puesto en ridículo a uno de los marginados y nuevos de su clase, Aron se puso de los nervios, pues al chico le habían dejado desnudo en el servicio durante horas, mientras el pobre lloraba de la vergüenza, y medio campus esperaba fuera para que saliera y hacerle videos y fotos que luego circularían por toda la red para mofa de todo el que se aburriera, así que, en un pésimo intento por desviar el tema de conversación Aron comentó:

- Sabes mamá, he sacado un diez en el examen de informática, y otro en el de literatura inglesa

- Bien hijo bien – Comento Abie sin mucho entusiasmo y luego agregó – y cuéntame Sandy, ¿cómo salió el chico del servicio? – pero sus palabras fueron interrumpidas por Aron :

- ¿Ya está?, ¿muy bien?, ¿Así que mis logros para ti son un muy bien? – comento Aron nuevamente enfadándose

- ¿y qué quieres?, ¿una felicitación por escrito cada vez que saques un sobresaliente en un examen?

- ¿no, pero, unos niñatos encierran a un pobre chaval que ya tiene bastante con ser un marginado en un servicio y parece una proeza nacional, ahora, yo saco un diez en dos exámenes complicadísimos y son un simple muy bien?, ¿seguro que ni te has enterado de que tu señor esposo ha tirado a la basura años de mi trabajo?

- Por favor Aron, eran solo tonterías de niños, mejor que te las tirara, a ver cuando sales de tu habitación y empiezas a tener amigos – comento Sandy intentando muy inoportunamente calmar los ánimos

- Sandy, ¿porque no te vas a tu universidad y no vuelves nunca más?, hazle un favor al mundo y cierra la boca que estas más guapa – le contesto a su hermana Aron sin pensar en lo que estaba diciendo

- Aron Wright, no te pases ni un pelo con tu hermana – interrumpió su madre ya con su típico color rojo en la cara que siempre se le ponía cuando se enfadaba

- Claro, claro, defiende a la señorita perfecta, y que tu hijo se pierda por ahí – le grito Aron incluso más rojo que su madre, mientras de un brusco salto, se levantaba de la silla, hacia un gesto obsceno con la mano y subía a rápidas zancadas a su habitación

- Aron Wright, vuelve aquí ahora mismo – grito su madre, pero un hubo ni una minúscula vacilación de Aron por volver a la mesa.

Lo único que se escuchó tras esas últimas palabras de su madre, fueron un “déjalo…, ya se le pasara”, de Axel y un fuerte portazo proveniente de la habitación de Aron.

Ya eran las once de la noche y en la oscura habitación de Aron, solo se escuchaba el susurro de los arboles del patio trasero de los Wright, que eran bruscamente mecidos de un lado a otro por un fuerte viento de alguna tormenta que apenas se estaba acercando. Con las luces apagadas, y ya cansado de llorar, el agotado joven de cabellos negros se disponía de una vez por todas a dormir. En aquel largo rato en el que no había estado haciendo nada, solo reviviendo una y otra vez el espantoso día que había tenido, incontables preguntas habían pasado por la cabeza de el chico londinense, ¿estaba equivocado?, ¿realmente Sandy, Eric, los amigos de Sandy, los amigos de Eric y tantas personas más tenían razón y el estaba equivocado?, ¿sería realmente insultar a la gente con vidas problemáticas no disfrutar de las facilidades de la suya?, ¿Por qué molestarse en crear si tienes el dinero para que alguien cree por ti?, tantas preguntas sin respuesta, que, comparadas con los problemas de otras personas parecían simples tonterías, hicieron por fin a Aron acabar de cansarse y decidir de una vez por todas irse a dormir, al despertar, sería otro día, y al fin y al cabo, sus dudas no eran nada que no pudiese decidir en otro momento. Sin muchas ganas, se acostó bien, se tapo y antes de caer rendido al sueño, sin saber bien porque, dijo al vació, “que mal está hecho todo, si en mis manos estuviese…” y sin más, cayó en un profundo sueño, uno del que Aron tardaría bastante en despertar.

- Aron… – comentó una voz

- Aron Wright… – se volvió a escuchar la misma suave voz

- ¡Quieres despertar de una vez! – dijo a gritos esa voz que de muy suave había pasado a una voz rasposa y con mal aliento.

- ¡Despierta!, ¡Despierta!, ¡Despierta!

- O no, mejor, ¡duerme!, ¡duerme!, ¡duerme!

- Madre mía, que mareo, simplemente abre los ojos – dijo la voz abriéndole a la fuerza los ojos a Aron.

- Vale, Vale, ya estoy despierto, que pasa… – dijo Aron aun sin poder ver bien, pero tras unos segundos cuando sus ojos dejaron de ver borroso, volvió a cerrarlos a forma de auto reflejo.

- Tranquilo, no te asustes – dijo nuevamente la aquella voz.

- ¿Dónde estoy?, quien… bueno… ¿que eres tú?

- Para empezar no te preocupes, estas soñando, asique no tienes que temer a nada.

Unos momentos tuvieron que pasar para que Aron volviese a abrir los ojos, y frente a él, una especie de Gnomo Rojo, tan gordo que no tenia cuello, con grandes ojos verdes y vestido de etiqueta, se encontraba flotando y fumando un habano a escasos metros de el.

- ¿esto es un sueño…? – comento Aron sin poder quitar la mirada del extraño ser.

- Pues si – contesto este dándole una larga calada a su habano.

- Ya… ¿y yo estoy hablando con mi sueño?

- Eso parece, ¿no?

- Ah, esto… ¿sabes si las setas de la cena eran alucinógenas o algo?

- Buen chiste, pero no, ¿tan raro es para ti soñar? – comento entre carcajadas el Gnomo.

- Bueno… no… perdona mi reacción, es que de normal no suelo hablar con mis sueños – comento irónicamente Aron.

- Ya… Bueno, pues te tendrás que ir acostumbrando – contesto el extraño ser, mientras daba otra calada al habano y luego tiraba al suelo un poco de ceniza.

- ¿Por qué?

- ¿Por qué?

- ¿por qué, que?

- ¿por qué, que?

- ¿Estás repitiendo lo que digo?

- ¿Estás repitiendo lo que digo?

- ¿Seguro que tienes edad para fumar eso?

- Bueno, bueno, eh, que yo no me he metido con tus hábitos.

- Vale, ahora enserio, ¿esto es un sueño?

- Claro, ¿en la vida real tú ves Gnomos, de huesos anchos volando y fumando puros, en un lugar completamente blanco que no parece terminar nunca?

- No… pero… ¿huesos anchos?, ¡venga ya! – comentó a carcajadas Aron.

- ¡Ya está el listo!, primero se mete con mi edad, ahora con mi peso, no me extraña que tengas pocos amigos – comento el gordo gnomo mientras en el aire bajaba la cabeza y subía los pies, al parecer intentando vérselos.

- Lo que me faltaba, ahora recibir consejos en un sueño de un bicho poco agraciado – comento el joven Wright mirando a su alrededor.

- Pues, date las gracias a ti, tú me inventaste – dijo mientras tiraba la colilla del habano y de un bolsillo diminuto sacaba otro.

- ¿perdón?… tendría mucho sueño.

- ¡Ha!, pues no, soy un Glum, me inventaste a los siete años, en una de tus tantas historias, bastante malas debo de agregar, yo, era el mejor amigo de un caballero de melenas rubias, alto y fornido con su gran corcel fuerte y rápido, claro que a mí me hiciste gordo, adicto a la nicotina y con pocas cualidades, ah y por cierto, ¿a qué viene esta cola que me pusiste en plan demonio?,

- ¡Es verdad!, ya no me acordaba de ti – comento aron extrañado.

- Si quieres recordarme, mira en el placar en el que guardas los viejos CDs, en el fondo, tienes una caja de cartón, vieja y sucia, ahí tienes mi historia, entre otras que escribiste cuando aún utilizabas el papel – dijo el Glum volador mientras tiraba la colilla del habano y de su pequeño bolsillo cogía otro nuevo.

- ¿sabes que eso mata? – dijo Aron señalando el habano

- ¡Ya está!, ¿un sueño no te puede dar consejos pero tú si puedes dárselo a un sueño no?

- Bueno, lo siento

- No, si da igual, de todas formas… por hoy ya es suficiente, si quieres recordarme mira en tu placar…

- No, no, espera, quiero preguntarte más cosas…- dijo Aron, pero sus palabras fueron interrumpidas por un fuerte golpe en la cabeza, todo comenzó a atenuarse y antes de que todo se volviese negro, se escucho la voz del Glum decir:

- Tranquilo, nos veremos más seguido de lo que crees…

Aron se despertó de un salto por el insoportable pitido del despertador, medio atontado por el amanecer de una larga noche, tardo unos segundos en recordar su sueño, apenas darse cuenta, salió de la cama, tropezó con las sabanas, cayó al suelo, se levantó rápidamente, abrió el placar verde, busco por arriba, busco por abajo y de pronto toco algo de cartón, Suavemente tiro de la caja, y al mirar dentro, un sudor frio le recorrió la espalda, dentro de ella, había unos cuantos folios, destartalados y polvorientos, en el primero de ellos escrito con mala caligrafía decía “ Pocholo y su fiel amigo el Glum en las aventuras contra el saltamontes malo” y bajo el titulo, se encontraba un pésimo dibujo de un caballero rubio montado en un caballo, acompañado de un perro peludo y sobre él, un Gnomo gordo y rojo saludando con la mano…





Solo son sueños

1 08 2008

Viendo lo visto, y ya que por mucha prisa que nos demos no los tendremos listos para hoy, he tirado mano del cajon del sastre o mas bien del desastre que tengo y he rescatado una de las primeras obras de Ander, que se puede leer, y no morirte de asco, es decir, esta claro que nadie nace sabiendo escribir y expresarse, disfrutad de los principios de Ander:

Y ahí me encontraba, no sé cómo ni porque, poco recuerdo de ese suceso tan espeluznante y a la vez excitante, de todas formas cosas como esas son difíciles de olvidar, cuando cierro los ojos puedo sentirlo, como si ahora mismo me estuviese pasando, recuerdo como la fría arena se escabullía entre mis dedos desprotegidos, el ruido de las goteras del techo se hacía insoportable, la voz de pocos amigos era mi único consuelo en la situación tan incómoda en la que me encontraba, luego de horas, o días, ¿o quién sabe?, una débil luz comenzó a invadir la habitación, la fría oscuridad comenzaba a desaparecer ante su incansable enemigo, poco a poco, comencé a ver las caras de alrededor, caras tranquilizantes, caras de amigos, la felicidad que conmocionó mi cuerpo, es difícil de explicar; pero los rostros amigos no daban más que un anticipo de lo que sucedería a continuación, sin decir una palabra, mis acompañantes, se pusieron de pie y con la mirada siempre al frente se dirigieron a la puerta, por la cual no solo entraba luz, sino también, un ruido del exterior, un ruido tan fuerte y estremecedor que desanimaría el corazón más osado, que corrompería los ojos más felices y que destruiría la sonrisa más amplia, eran canticos, gritos, sin duda un mal presagio.

A pesar de la situación, mi compañía caminaba sin miedo, daba la lúgubre sensación que solo eran cuerpos, sin un alma, cuerpos que caminaban a cumplir un cometido, o tal vez esos sentimientos que yo buscaba en sus rostros nunca existieron…; los seguí con la única motivación de no quedarme solo en tan lúgubre lugar, el camino que ahora recorría era largo, las paredes que nos escondían a los ojos exteriores eran de pura roca, el suelo comenzaba a estar húmedo, mis pies daban cada paso con menos motivación que el anterior, al final del túnel una luz incandescente nos impedía ver a donde nos dirigíamos, recuerdo que me pareció caminar durante horas, aunque el camino solo era de pocos metros.

Al traspasar aquella luz incandescente, sentí por un segundo que había llegado al cielo, que todas las aberraciones que me habían acosado en vida ya habían quedado atrás, pero ese sentimiento se esfumo al instante, a mi alrededor, pude comprobar que mis sospechas eran ciertas, el intimidante lugar donde me encontraba, no tenia punto de comparación con este otro, me frote durante un pequeño instante los ojos, intentando demostrarme a mí mismo que ellos eran los equivocados y que lo que me hacían ver era falso, pero mi infantil intento quedo frustrado enseguida. A mi alrededor cientos, quizá miles de personas se amontonaban gritando e insultando, mirándonos como si fuésemos una simple escoria a la que despojar su vida sería una tarea reconfortante y divertida. Estas personas o más bien seres, se encontraban en las gradas de un enorme coliseo, tan grande y colosal que no parecía humano. Estas se alzaban hasta casi perderse de vista, y sin duda desde ellas, yo parecería una pequeña mosca sobre una mesa a la que hay que aplastar. Mientras reconocía el lugar, me percaté de que mis acompañantes habían seguido caminando sin mí, y se habían parado en medio del lugar formando un corro; cuando me percate de aquello, corrí para situarme a su lado, y a cada paso sentía como hasta la última fibra de mi ser temblaba aterrada por lo que estaba sucediendo, mi miedo, me impedía pensar, solo se cruzaba una idea por mi cabeza, y era escapar cuanto antes de allí.

Cuando llegue al corro recién formado, me di cuenta de que mi cerebro conmocionado parecía ya no funcionar, pues, mis amigos hablaban pero yo era incapaz de entender lo que ellos decían, era como si yo me hubiese vuelto extranjero en medio de un país del que nunca había oído hablar, y entonces, cuando la desesperación me hizo sentir que caería desmayado en cualquier momento, un hombre, en lo alto de un palco se puso de pie, y solo bastó ese gesto, para que el titánico coliseo quedara sumido en el más profundo silencio. El hombre levanto una mano y los gritos, en forma de alabanzas se alzaron por todo el lugar, y nuevamente cuando dicho hombre hizo otra señal, el silencio volvió a reinar ante el caos, este peculiar ser (que nada tenía que ver con un hombre) deposito la mirada en mi grupo, y nuevamente en un idioma extraño e inentendible para mis asustados oídos, comenzó a hablar.

Yo no entendía de que estaban hablando, pero por la forma en que lo hacían, no parecía ser nada bueno, cuanto más hablaba el extraño del palco, peor parecía ponerse la situación, pues con cada palabra de cada uno de los míos, las de él, se presentaban mas amenazadoras, y tras unos minutos más de discusión pareció cansarse y levantar ambas manos, no hizo falta ni una milésima de segundos para que todo el coliseo estallara en gritos, me volví un segundo, ya que mis oídos habían captado algo que si entendían, al parecer tras de mí, a unos metros se había abierto una enorme verja, y me imagine lo peor, pronto de ella aparecerían quien sabe que salvaje animal, pero mi expectativas se quedaron cortas, ya que nunca espere ver lo que vi entonces, no eran leones, ni gladiadores sedientos de gloria, sino que, unas extrañas e intimidantes criaturas, parecidas a avestruces de 3 o 4 metros, con púas en lugar de plumas y con picos largos y puntiagudos, salieron en manada con un claro destino, nosotros. Corrí a medida que me daba la vuelta para refugiarme entre mis amigos, pero algo que seguramente me sorprendió más que las abominables criaturas, mis amigos ya no iban con sus habituales ropajes, sino que, portaban grandes e imponentes armaduras, con espadas del tamaño de mi cuerpo y escudos anchos y altos como una puerta. Corrí cuanto pude para buscar refugio entre mis compañeros, pero cuando estaba por llegar vi como una de esas gigantes criaturas corría a mi lado y me asestaba un picotazo en la pierna, entonces cual relámpago en la noche, un auto reflejo que no controle cogió la espada que llevaba envainada en mi cintura, de la cual no me había percatado hasta ese momento, y con un movimiento rápido pero certero el arma atravesó la cabeza del animal. Durante un segundo me quede inmóvil, mirando mis manos, mis brazos y mi torso, ya no iba descalzo, ni tenía una fina capa de ropa que no alcanzaba ni para protegerme del frio, sino que portaba una reluciente armadura color morado y gris, con un escudo de armas grabado en el pecho.

No tuve tiempo para sorprenderme más, pues, cuando levante la cabeza, vi como mas de esas criaturas me rodeaban e intentaban atacarme, no entendía cómo, pero el miedo ya no me acosaba, y sabía exactamente que tenía que hacer, con movimientos dignos de un veterano de guerra, me movía entre las bestias blandiendo mi espada y asestando certeros golpes que destrozaban los cuerpos del enemigo, durante un par de milésimas, miré a mi alrededor, y me percaté de que mis amigos también luchaban y vencían con la misma facilidad que yo. En ese instante otro ruido de verja abriéndose se sintió y de dentro de otro túnel salieron cientos de guerreros, al parecer estos se asemejaban mas a los humanos, tenían el cuerpo cubierto de brillantes armaduras y las caras escondidas tras mascaras; corrieron hacia nosotros y vi como dos de mis amigos, Christian y vhaner, se colocaban frente a ellos y comenzaban a descuartizarlos con sus gigantescas armas; mi distracción casi me cuesta la vida ya que vi las sombras de dos de esas enormes aves a mis espaldas, salte y mientras daba una brutal patada a una en el cuello, atravesaba a la otra con mi espada, apenas tuve tiempo de caer al suelo ya que, al ponerme de pie, sentí un grito de un dolor mortal a mis espaldas, me di la vuelta y vi como entre cuatro hombres y por la espalda mataban a Daniel con cientos de apuñaladas a traición. La ira inundo mi cuerpo y en un intento ingenuo de salvar a mi amigo, atravesé el campo de batalla atacando a todo aquel que osara anteponerse entre yo y mi objetivo. Al llegar me arrodille a su lado, lo mire y me di cuenta de que aún conservaba un último aliento, el me miró, y me dijo algo en una lengua que no logre entender, en ese instante, sentí como un frio me congelaba y destrozaba mi espalda, intente ver a mi agresor, pero la vista ya no funcionaba bien, todo comenzó a ponerse blanco, y los ruidos de la batalla cada vez se atenuaban mas, el dolor ya no se sentía, y mi ira, se transformaba en calma…

Entonces desperté, otra vez, como siempre en las últimas noches, desperté de ese extraño e inquietante sueño…