Capitulo 1: Un mal día

4 08 2008

Lo prometido es deuda queridos niños, y aunque ha llegado un poco mas tarde de lo previsto aqui tenemos el primer capitulod e la novela de Ander, creedme vale mucho la pena, por ahora tiene un buen comienzo que te dejara con ganas de más.

Con esta novela ya hay ods en Note Book Heaven, esta y Electroshock, que pronto tendra un nuevo capitulo.

El susurro de los radiadores regando el césped, junto con un cielo exageradamente azul, y el cantar de algún que otro pajaro , daban claro testimonio de que antes de la tormenta, existe la calma, hablamos de tormenta, porque el elitista colegio Luxtes England, para alumnos de clase social extremadamente alta, estaba a punto de cerrar sus puertas, era viernes, y sólo faltaban unos pocos minutos para que el timbre de salida sonara, y los jóvenes más adinerados de Europa corrieran camino a sus coches para regresar a casa a disfrutar de un gran y merecido fin de semana. En una de las tantas acogedoras aulas de esta institución multilingüe, se encontraba Aron Wrigth, un joven nativo de Inglaterra que vivía en España sólo para asistir a ese distinguido colegio. A su alrededor, una veintena de jóvenes con sus respectivos ordenadores portátiles última generación, hacían de todo menos atender al viejo Edmund, el premio nobel en matemáticas y profesor de la misma asignatura de dicha institución para los alumnos de último curso, éste, explicaba logaritmos complejos con el ímpetu de los primeros días, y como de costumbre, la gran mayoría ignoraba sus clases. Aron miró a su alrededor, pero nadie apartaba la mirada de sus portátiles, o al menos eso parecía, seguramente, y como de costumbre, estarían en el Messenger, hablando de algún tema interesante de gente popular, como el tema de moda esa semana, “lo mal que le queda el rubio a Anastasia” o el rumor de que Jhosep se había acostado con la profesora de literatura inglesa, una mujer extremadamente atractiva y muy joven. Pero para Aron, un chico claramente apartado de ese mundillo de diversión y situaciones comprometedoras, esos temas no eran más que una pérdida de tiempo, simples tonterías de niños, sin duda los objetivos de este joven se encontraban mucho más alto, lo realmente importante para él era entrar a Oxford, la universidad de sus sueños, ya dentro soñaba con estudiar ingeniería Robótica y algún día ser reconocido mundialmente, aunque el precio de esa meta fuese renunciar a la de diversión y las fiestas todas las noches.

El timbre de salida sonó al fin, y Edmund no tuvo tiempo de mandar deberes para la siguiente clase, ya que fue placado por una avalancha de jóvenes deseosos de abandonar aquella aula para ir a sus casas. Aron cogió sin prisa sus cosas, su portátil y su destartalada libreta, en ella no había ni apuntes, ni trabajos, ni operaciones matemáticas, solo un montón de dibujos, anotaciones para sus próximas novelas y toda clase de cosas inútiles para cualquiera que no fuese él mismo. En la pagina por la que estaba abierta la desgastada libreta, había un extraño Gnomo gordo de piel roja, vestido con traje de gala, idea inspirada en una anciana pequeña que seguramente se iba de fiesta y que Aron había visto la noche anterior volviendo de la biblioteca.

Luego de salir de su clase y ya de camino a su coche, donde lo esperaba su chofer, Tom, alguien llamo a gritos a Aron, Eric, su mejor amigo de la infancia, que dejaba un grupo de gente y se acercaba a él a largas zancadas, cuando lo alcanzo dijo:

- ¿Qué tal Aron?

- Bien, aquí, a pasar otro aburrido finde solo en casa, ah, por cierto, el de mates me mando deberes extra, según él sus ejercicios son demasiado fáciles para mi… lo que faltaba – comento Aron con voz baja, con claro gesto de enfado y mientras decía esto, arrancaba una hoja de uno de los tantos arboles que se encontraban a los lados del camino que daba al parking donde estaban los coches y la comenzaba a romper en pequeños pedazos

- Eso te pasa por cerebrito – se rio amigablemente Eric y agrego – Escucha, tengo que hablar contigo, hay una fiesta increíble mañana, ¿vendrás no?

- ¿Hola?, ¿tú me escuchas cuando te hablo?, tengo deberes extra, ni siquiera sé cómo puedes ir a tantas fiestas y entregar los trabajos que mandan de normal…, imagínate con extras.

- Pues muy fácil, no los entrego.

- Así te va…

- Puede que no tenga las mejores notas del instituto, puede que los de primaria saquen mejores notas que yo… ¡pero que me quiten lo bailado colega! – comento este con una sonrisa en la cara

- Sabes Eric, algún día, esto se acabará, en el mundo al que vas serás un simple nombre, las fiestas acabaran y dejaran paso al trabajo, y cuanto más estudios, más posibilidades de uno bueno, el nombre de la universidad de la que vengas y la nota con la que salgas de ella lo serán todo, y cómo vas, dudo que te cojan en una muy buena

- Pues, vale, de todas formas soy de lo más feliz con esta forma de vida

- Ahora…, espérate a dentro de unos años, te arrepentirás – comento Aron que ya había hecho añicos la hoja del árbol

- Puede, pero ¿sabe algo?, tú llevas toda tu vida estudiando, y cada vez estudias mas, entraras a la universidad, y no tendrás vida por estudiar, conseguirás todos tus títulos con honores, y llegaras muy alto… pero cuando mires a tu alrededor, y veas que tienes sesenta años y que en tu vida no has hecho más que hacer de tu existencia el trabajo, te arrepentirás de no haber aprovechado los mejores años de tu vida, porque con sesenta años no puedes hacer lo que con veinte

- Te equivocas Eric, cuando yo me valga por mí mismo, y no viva de la fortuna de mis padres, sino de la mía propia, y tu termines siendo un niño mimado que vive con mama a los 30 años, entonces serás tú el que te arrepentirás de no haber estudiado

- Aron, deja de decir tonterías, y vente a la fiesta te lo pasaras bien – comento Eric ya con claro gesto de estar enfadándose

- No iré, ni a esta, ni a la que viene, ni a la próxima, déjame en paz Eric

- Pues tú te lo pierdes, pásate el finde en casa con el ordenador y tus jueguitos, que solo te hacen perder el tiempo, o pásate estudiando, al fin y al cabo, siempre tiene que haber algún pringado que haga a la especie avanzar mientras los listos nos aprovechamos de su trabajo, ¿no? – Eric acabo la frase, pero Aron no parecía haberlo escuchado, ya se había alejado de él y estaba a punto de subir a su coche negro, donde lo esperaba un hombre alto y de tez morena.

El Chofer personal de la familia Wrigth, Tom, contaba con un excelente repertorio de clientes en su pasado, una docena de celebridades de todo el mundo, cantantes, escritores, productores e incluso un presidente, habían tenido el gusto de viajar de copilotos de este conductor procedente de Cuba. Al llegar Aron, Tom ya se encontraba junto a la puerta trasera del hermoso y limpio Auspring último modelo, la última moda en Francia.

El joven subió al coche, y el experimentado conductor cerro tras él la puerta y marcho a apresurados pasos hasta el asiento del conductor, sin más tardanzas el vehículo se puso en marcha, dirección Luxtes Town, una Gigantesca urbanización exclusiva para las familias del alumnado internacional que asistía al instituto, esta mini ciudad contaba con todos los caprichos que cualquiera pudiese imaginar, incluido un sistema de seguridad de última generación con 2 guardias de elite por cada 3 habitantes, un pequeño aeropuerto para los jets privados de las ajetreadas familias que Vivian de viaje y por si fuera poco una playa de aguas cristalinas privada, a la que solo podían acceder los residentes de Luxtes.

Ya a mitad de camino, Aron no podía quitarse de la cabeza la charla con su amigo Eric, ¿realmente estaba equivocado?, ¿ en verdad era mejor vivir la vida y pasar de los estudios?, al fin y al cabo, su familia tenía dinero para cuatro o cinco generaciones más de Wright, y sus padres tampoco estaban muy de acuerdo con el afán de Aron por dedicarse a la robótica, ellos querían que el siguiese los pasos de la familia y que un día, llevara adelante el imperio Wrigth como lo hacía en ese momento su padre. Sus pensamientos no tuvieron más tiempo de divagar, pues, la atenta mirada de Tom se había percatado de el malestar de Aron y el conductor ya había sacado de su manga, un tema de conversación para tener distraído al joven en lo que quedaba de camino.

El viaje se hizo corto con la amena charla del cubano, ese día, tocó hablar del abuelo Fernández, revolucionario cubano que lucho junto a las filas que consiguieron en el pasado derrocar el poder dictatorial que por aquellos días gobernaba una cuba destruida y “socialista”… por decirlo de alguna manera. Tom, solía decir que si su abuelo no hubiese muerto en un tiroteo poco antes de la caída de la dictadura, no se podría creer en lo que se había transformado su país, en tan solo una veintena de años, había pasado de la isla de la miseria, a el paraíso tropical en el que vivía toda estrella de cine que se aprecie.

La charla fue interrumpida al llegar a las puertas de la mansión de los Wrigth, Esta casa solía llamar la atención, y es que, si las casas de Luxtes ya eran de dimensiones insultantemente grandes, la de Aron era el mayor insulto, pues era la tercera más grande de toda la urbanización. El portón color dorado fue abierto por el vigilante de guardia, que saludo con gesto cansado con la mano, mientras intentaba disimular tras la espalda el donut que se estaba comiendo. La segunda puerta, esta de madera, se abrió para dejar paso al coche, que, tras un par de de maniobras rápidas y precisas, quedo aparcado perfectamente entre el Ferrari Concept rojo y el Aston Martin DB9, los dos favoritos del señor Wrigth. Tom se apresuro a bajar del coche, ir a la puerta trasera y abrirla para que su joven cliente bajara, pero para cuando llego, aron ya estaba a pocos pasos de la puerta que daba al recibidor, y este sin darse la vuelta comento:

- Gracias Tom, se bajar solo de un coche.

- De nada, y que tenga un buen día señor

- ¿Cuántas veces tengo que decirte que no me digas señor?

- Al menos, un par más… – comento el conductor, que al parecer había visto una mancha en el coche y ya se había apresurado a limpiarla con el trapo que siempre llevaba consigo.

Aron entró al recibidor, este, de un tamaño a proporción con la gigantesca casa, era completamente de mármol, adornado con unos cuadros muy antiguos e iluminado por una gigantesca araña de cristal que colgaba elegantemente en el alto techo de la mansión. Apresuradamente, el joven Wrigth subió las escaleras, grito un hola, en señal de que ya había llegado y se dirigió a su cuarto.


Con el tamaño de un campo de baloncesto, su habitación contaba con cientos de lujos que Aron nunca utilizaba, siempre se encontraba en los mismos 3 metros cuadrados de habitación, sus ordenadores y su cama, el resto, estaba simplemente para llenar espacios. Tirando las cosas en la cama, y sentándose entre los tres ordenadores que utilizaba simultáneamente, Aron miro primero los e-mails, tras percatarse de que no había nada nuevo, puso un poco de música en el segundo ordenador, mientras miraba unas líneas de programación con un fallo que llevaba incordiándole una semana. Mientras tarareaba un viejo hit de los años 90, se percató de que su tercer ordenador, un viejo aparato con ya varios años, había sido cambiado por otro, Aron, quedo perplejo unos segundos mientras un sudor frio le recorría la espalda, salto de la silla, salió a toda velocidad de su cuarto, fue hasta la otra punta de la casa, y se detuvo en seco, e intentando mantener la mayor tranquilidad, golpeo tres veces una gran puerta de madera. Tras unos segundos se escucho una voz decir:

- Adelante.

Con tranquilos pasos, Aron se adentro en el despacho de Axel, su padre, y con una voz excesivamente respetuosa dijo:

- Buenos días papá, perdona que te moleste, se que estas ocupado, pero…, ¿sabes que ha pasado con mi viejo ordenador?, ya sabes, el que tengo hace años

- ¡Ah!, sí, sí, lo cambié, te he traído uno nuevo, es de lo último en tecnología, en Europa no estará disponible hasta dentro de seis meses.

- Si, pero, es que me habías traído el de última generación hace tres días… – comento Aron intentando no hablar de mala manera

- Bueno, este es más moderno, ha estrenado hoy, y como a ti te gusta todo lo de la tecnología pues te lo he traído – comento Axel aun sin despegar los ojos de los papeles que tenía en las manos.

- Muchas gracias… – comento Aron irónicamente y continuó – ¿y acaso sabes donde esta mi viejo ordenador?

- Pues claro, en la basura, para que quieres ese ordenador viejo e inútil.

- ¿Estás hablando enserio?

- ¡Claro!, que tiene de especial ese PC

- Pues, tiene de especial, que en ese ordenador, era donde tenía, todos mis proyectos de programación, los planos de mi primer robot, decenas de ideas y anotaciones , ah y mi serie de novelas, ¡que estaba a punto de acabar!, ¡ muchas gracias señorito “solo existo yo”! – gritó aron sin poder contenerse

- Bueno, ¿supongo que tendrás copias de seguridad de todo eso no? – dijo el padre sin perder la forma, incluso sin dejar de mirar los papeles que tenía en las manos.

- Pues no, porque había formateado los otros dos ordenadores ayer, y que raro que no lo sepas, ¡te lo dije en la cena!

- Entonces si no tienes copias de seguridad, los has perdido, es una pena

- Serás… – Grito Aron lagrimeando, se acerco a su padre, le quito los papeles, y le dirigió una sarta de disparates e insultos

- Si ya has acabado, no golpes la puerta al salir – comento su padre, dándole la menor importancia a su hijo, recogiendo los papeles, y continuando con lo que hacía.

Aron, impotente, se dio la media vuelta, golpeo la puerta con todas sus fuerzas, y se marcho a su habitación, directo a la cama, a llorar desconsoladamente durante un buen rato.

Las horas pasaban, y Aron continuaba boca abajo apretando la almohada y sin pensar concretamente en nada, tres horas después de la discusión con su padre, saltó de la cama, y aun con la vista borrosa se dirigió a un placar lleno de discos, pen drives e incluso antiguos y obsoletos CD´s. Uno a uno y con paciencia, miro el contenido de todos los discos que tenía, pero no encontró nada que fuese de alguna manera relevante para él, todo su trabajo de años, había desaparecido por completo, simplemente, por un descuido, por no prever, por ser tan vago que ni le preocupo salvar los mas preciado para él, pero no hubo tiempo de continuar llorando, pues su padre había mandado un mensaje a su móvil avisando que lo esperaban para comer.

Sin perder un segundo Aron se dirigió al servicio, se limpio la cara para intentar disimular el llanto, se arreglo un poco y bajo sin mucha motivación las grandes escaleras de mármol para ir al comedor. Ya en el, se encontraban en otra habitación completamente de mármol, su padre, su madre y su hermana, que había venido de la universidad a pasar el fin de semana. En la gran mesa de roble, excesivamente grande para los que solían cenar en su casa, parecía haber una animada charla entre su hermana Sandy y Abie, su madre, siempre que la chica de la larga melena morena venia de visita a su casa, parecía que Abie se volviese la mujer más feliz del mundo, y eran pocos los momentos en los que Aron podía hablar con su hermana a solas, pues su madre la tenía constantemente de aquí para allá, yendo de compras, visitando la playa por más que fuese pleno enero o contándole sus anécdotas con las mujeres de los incontables grupos de amas de casa a los que Abie solía asistir.

Tranquilamente Aron se sentó, y con un “buen provecho” poco entusiasmado, invito al resto de sus familiares que comenzaran a comer. Durante toda la cena, las dos claras protagonistas fueron Abie y Sandy, que llegaban hasta el punto de hacer pensar a Aron que competían por ver quién tenía la historia más increíble para contar, pero cuando la universitaria comenzó a contar como unos chicos de su colegio habían puesto en ridículo a uno de los marginados y nuevos de su clase, Aron se puso de los nervios, pues al chico le habían dejado desnudo en el servicio durante horas, mientras el pobre lloraba de la vergüenza, y medio campus esperaba fuera para que saliera y hacerle videos y fotos que luego circularían por toda la red para mofa de todo el que se aburriera, así que, en un pésimo intento por desviar el tema de conversación Aron comentó:

- Sabes mamá, he sacado un diez en el examen de informática, y otro en el de literatura inglesa

- Bien hijo bien – Comento Abie sin mucho entusiasmo y luego agregó – y cuéntame Sandy, ¿cómo salió el chico del servicio? – pero sus palabras fueron interrumpidas por Aron :

- ¿Ya está?, ¿muy bien?, ¿Así que mis logros para ti son un muy bien? – comento Aron nuevamente enfadándose

- ¿y qué quieres?, ¿una felicitación por escrito cada vez que saques un sobresaliente en un examen?

- ¿no, pero, unos niñatos encierran a un pobre chaval que ya tiene bastante con ser un marginado en un servicio y parece una proeza nacional, ahora, yo saco un diez en dos exámenes complicadísimos y son un simple muy bien?, ¿seguro que ni te has enterado de que tu señor esposo ha tirado a la basura años de mi trabajo?

- Por favor Aron, eran solo tonterías de niños, mejor que te las tirara, a ver cuando sales de tu habitación y empiezas a tener amigos – comento Sandy intentando muy inoportunamente calmar los ánimos

- Sandy, ¿porque no te vas a tu universidad y no vuelves nunca más?, hazle un favor al mundo y cierra la boca que estas más guapa – le contesto a su hermana Aron sin pensar en lo que estaba diciendo

- Aron Wright, no te pases ni un pelo con tu hermana – interrumpió su madre ya con su típico color rojo en la cara que siempre se le ponía cuando se enfadaba

- Claro, claro, defiende a la señorita perfecta, y que tu hijo se pierda por ahí – le grito Aron incluso más rojo que su madre, mientras de un brusco salto, se levantaba de la silla, hacia un gesto obsceno con la mano y subía a rápidas zancadas a su habitación

- Aron Wright, vuelve aquí ahora mismo – grito su madre, pero un hubo ni una minúscula vacilación de Aron por volver a la mesa.

Lo único que se escuchó tras esas últimas palabras de su madre, fueron un “déjalo…, ya se le pasara”, de Axel y un fuerte portazo proveniente de la habitación de Aron.

Ya eran las once de la noche y en la oscura habitación de Aron, solo se escuchaba el susurro de los arboles del patio trasero de los Wright, que eran bruscamente mecidos de un lado a otro por un fuerte viento de alguna tormenta que apenas se estaba acercando. Con las luces apagadas, y ya cansado de llorar, el agotado joven de cabellos negros se disponía de una vez por todas a dormir. En aquel largo rato en el que no había estado haciendo nada, solo reviviendo una y otra vez el espantoso día que había tenido, incontables preguntas habían pasado por la cabeza de el chico londinense, ¿estaba equivocado?, ¿realmente Sandy, Eric, los amigos de Sandy, los amigos de Eric y tantas personas más tenían razón y el estaba equivocado?, ¿sería realmente insultar a la gente con vidas problemáticas no disfrutar de las facilidades de la suya?, ¿Por qué molestarse en crear si tienes el dinero para que alguien cree por ti?, tantas preguntas sin respuesta, que, comparadas con los problemas de otras personas parecían simples tonterías, hicieron por fin a Aron acabar de cansarse y decidir de una vez por todas irse a dormir, al despertar, sería otro día, y al fin y al cabo, sus dudas no eran nada que no pudiese decidir en otro momento. Sin muchas ganas, se acostó bien, se tapo y antes de caer rendido al sueño, sin saber bien porque, dijo al vació, “que mal está hecho todo, si en mis manos estuviese…” y sin más, cayó en un profundo sueño, uno del que Aron tardaría bastante en despertar.

- Aron… – comentó una voz

- Aron Wright… – se volvió a escuchar la misma suave voz

- ¡Quieres despertar de una vez! – dijo a gritos esa voz que de muy suave había pasado a una voz rasposa y con mal aliento.

- ¡Despierta!, ¡Despierta!, ¡Despierta!

- O no, mejor, ¡duerme!, ¡duerme!, ¡duerme!

- Madre mía, que mareo, simplemente abre los ojos – dijo la voz abriéndole a la fuerza los ojos a Aron.

- Vale, Vale, ya estoy despierto, que pasa… – dijo Aron aun sin poder ver bien, pero tras unos segundos cuando sus ojos dejaron de ver borroso, volvió a cerrarlos a forma de auto reflejo.

- Tranquilo, no te asustes – dijo nuevamente la aquella voz.

- ¿Dónde estoy?, quien… bueno… ¿que eres tú?

- Para empezar no te preocupes, estas soñando, asique no tienes que temer a nada.

Unos momentos tuvieron que pasar para que Aron volviese a abrir los ojos, y frente a él, una especie de Gnomo Rojo, tan gordo que no tenia cuello, con grandes ojos verdes y vestido de etiqueta, se encontraba flotando y fumando un habano a escasos metros de el.

- ¿esto es un sueño…? – comento Aron sin poder quitar la mirada del extraño ser.

- Pues si – contesto este dándole una larga calada a su habano.

- Ya… ¿y yo estoy hablando con mi sueño?

- Eso parece, ¿no?

- Ah, esto… ¿sabes si las setas de la cena eran alucinógenas o algo?

- Buen chiste, pero no, ¿tan raro es para ti soñar? – comento entre carcajadas el Gnomo.

- Bueno… no… perdona mi reacción, es que de normal no suelo hablar con mis sueños – comento irónicamente Aron.

- Ya… Bueno, pues te tendrás que ir acostumbrando – contesto el extraño ser, mientras daba otra calada al habano y luego tiraba al suelo un poco de ceniza.

- ¿Por qué?

- ¿Por qué?

- ¿por qué, que?

- ¿por qué, que?

- ¿Estás repitiendo lo que digo?

- ¿Estás repitiendo lo que digo?

- ¿Seguro que tienes edad para fumar eso?

- Bueno, bueno, eh, que yo no me he metido con tus hábitos.

- Vale, ahora enserio, ¿esto es un sueño?

- Claro, ¿en la vida real tú ves Gnomos, de huesos anchos volando y fumando puros, en un lugar completamente blanco que no parece terminar nunca?

- No… pero… ¿huesos anchos?, ¡venga ya! – comentó a carcajadas Aron.

- ¡Ya está el listo!, primero se mete con mi edad, ahora con mi peso, no me extraña que tengas pocos amigos – comento el gordo gnomo mientras en el aire bajaba la cabeza y subía los pies, al parecer intentando vérselos.

- Lo que me faltaba, ahora recibir consejos en un sueño de un bicho poco agraciado – comento el joven Wright mirando a su alrededor.

- Pues, date las gracias a ti, tú me inventaste – dijo mientras tiraba la colilla del habano y de un bolsillo diminuto sacaba otro.

- ¿perdón?… tendría mucho sueño.

- ¡Ha!, pues no, soy un Glum, me inventaste a los siete años, en una de tus tantas historias, bastante malas debo de agregar, yo, era el mejor amigo de un caballero de melenas rubias, alto y fornido con su gran corcel fuerte y rápido, claro que a mí me hiciste gordo, adicto a la nicotina y con pocas cualidades, ah y por cierto, ¿a qué viene esta cola que me pusiste en plan demonio?,

- ¡Es verdad!, ya no me acordaba de ti – comento aron extrañado.

- Si quieres recordarme, mira en el placar en el que guardas los viejos CDs, en el fondo, tienes una caja de cartón, vieja y sucia, ahí tienes mi historia, entre otras que escribiste cuando aún utilizabas el papel – dijo el Glum volador mientras tiraba la colilla del habano y de su pequeño bolsillo cogía otro nuevo.

- ¿sabes que eso mata? – dijo Aron señalando el habano

- ¡Ya está!, ¿un sueño no te puede dar consejos pero tú si puedes dárselo a un sueño no?

- Bueno, lo siento

- No, si da igual, de todas formas… por hoy ya es suficiente, si quieres recordarme mira en tu placar…

- No, no, espera, quiero preguntarte más cosas…- dijo Aron, pero sus palabras fueron interrumpidas por un fuerte golpe en la cabeza, todo comenzó a atenuarse y antes de que todo se volviese negro, se escucho la voz del Glum decir:

- Tranquilo, nos veremos más seguido de lo que crees…

Aron se despertó de un salto por el insoportable pitido del despertador, medio atontado por el amanecer de una larga noche, tardo unos segundos en recordar su sueño, apenas darse cuenta, salió de la cama, tropezó con las sabanas, cayó al suelo, se levantó rápidamente, abrió el placar verde, busco por arriba, busco por abajo y de pronto toco algo de cartón, Suavemente tiro de la caja, y al mirar dentro, un sudor frio le recorrió la espalda, dentro de ella, había unos cuantos folios, destartalados y polvorientos, en el primero de ellos escrito con mala caligrafía decía “ Pocholo y su fiel amigo el Glum en las aventuras contra el saltamontes malo” y bajo el titulo, se encontraba un pésimo dibujo de un caballero rubio montado en un caballo, acompañado de un perro peludo y sobre él, un Gnomo gordo y rojo saludando con la mano…


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Un comentario

14 08 2008
Nomitso

me gusto mucho este capitulo, a ver si termina pronto el segundo y podemos seguir la historia :)

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