Bueno como lo prometido es deuda, aqui teneis uno de los que parece ser de los primeros textos que escrivio Nomitso, simplemente te pondra de los nervios y desearias que no hubiese dejado el final tan abierto, para ver que pasa al final, aqui va:
Son las 15.30 y el último camión de la mudanza estará a punto de llegar aquí, a mi nuevo hogar, he de decir que es bastante mas espacioso, elegante y pulcro que mi anterior piso. Tiene 140 metros cuadrados, nada de tabiques, luminoso por la mañana, pero más relajado por la tarde, amueblado moderno, colores blancos y negros conjuntados, cocina con barra, pantalla de plasma, y todo lo que mucha gente podría desear, todo eso, lo tengo yo en mi ‘pisito’.
Los de la mudanza ya han llegado, todo está en orden, me gusta, me gusta tanto que me acerqué a uno de esos tantos ventanales que recubren mis paredes y mire, mire a mi alrededor, los edificios, los monumentos, los coches, las motos, las personas, en fin, el stress de la ciudad al fin y al cabo ¿no?, pero lo que mas me ha llamado la atención, es una vecina que tengo enfrente mía, es preciosa, aunque demasiado joven para mí, tiene el pelo de un rubio muy claro, y su sonrisa se puede notar desde lejos que es perfecta, idónea, elegante y tímida, pero picarona, ya que te incita a probarla. Ella parece que aún no se ha fijado en mí, no importa, tengo mucho tiempo por delante.
Llevo ya una semana, y ya he conseguido mi primera meta, que esa chica se fije en mi! Me miró! Me miró y sacó esa sonrisa tímida que me enloqueció, es la cosa más bonita que mis ojos han podido ver en todo lo que llevo viviendo, 31 años, sin duda alguna, creo que es la chica perfecta. En esta semana ya he conocido a varios vecinos, todos son bastante simpáticos y agradables, aunque no se puede conocer mucho a una persona por una de esas típicas charlas en el ascensor. Por cierto, no me presenté, me llamo Adam y soy el vice-director de una empresa On-line de bastante prestigio por toda Europa, aunque sus fundadores somos de Los Ángeles, y ahora mismo este en Nueva York, es lo beneficioso de mi oficio, trabajo en casa, y da igual dónde esté, no importa.
No consigo quitarme esa sonrisa infantil de la cabeza, creo que iré a asomarme a mi ventanal favorito, a ver si le veo. Lástima que un piso tan elegante solo esté ocupado por una persona, ojala estuviese ella aquí, los dos juntos frente a la estufa, viendo una película, comiendo palomitas…
Ahora mismo son las 12 de la noche, y estoy aquí, tumbado en mi cama de matrimonio, y solo, como siempre, solo.
Suena el despertador…hay que ponerse manos a la obra, a trabajar!! Me coloqué una mesa de estudio frente aquel ventanal que tanto me gustaba, y conecte mi ordenador portátil. Yo trabajaba, cuando de repente, en un reflejo, le ví a ella, y no pude contenerme, le miré y le miré… pensé que ya había habido demasiado miramiento, y decidí, que cuando le viese le preguntaría algo, lo que fuese, su nombre, si tenía hora, la cuestión era escuchar su voz, que seguro que es la mas dulce, femenina, y suave que también habré escuchado en este mundo. Y así fue, cuando ví que la madre le daba la bolsa de basura, cojí y m dispuse a bajar yo también. Baje, y allí estaba ella, m acerqué, y con la excusa de que soy nuevo en la ciudad, le pregunté si sabía donde había un mercado, un almacén donde comprar comida, se acercaba el momento de escuchar su voz, mis ojos brillaban como si fuese un niño en busca de una golosina, y por fin, la escuche, y tenía razón, aunque me quede corto con la explicación antes dada, su voz era tan tierna, que no podría describírosla, me indicó donde estaba, le di las gracias, y de paso, me presente, “ Ah bueno! Yo me llamo Adam! “ -le dije con una sonrisa leve en la cara mostrándole mi lado dulce- “ Encantada señor Adam, yo me llamo Sarah”.
Después de esta conversación decidí ir al mercado que me indicó, comprar algo y volver a casa con mi trabajo. Todo el camino fui pensando en Sarah, no podía quitármela de la cabeza, era tan perfecta…decidí comprarme un telescopio, para colocarlo cerca de mi mesa de al lado del ventanal, algo de comer, y una alfombra para la entrada de la casa, negra y blanca a cuadros.
Al llegar a casa, abrí el telescopio, lo monté, y lo puse al lado de la planta de decoración que había en el segundo ventanal detrás de la mesa de estudio, y comprobé su funcionamiento, mire un poco la ciudad, el cielo, y a Sarah, que al fin y al cabo, lo había comprado para eso, para observarla.
La segunda semana en mi piso, no iba del todo mal, me gustaba cada vez más, pero no podía parar de pensar en ella, y no me molestaba tenerla todo el tiempo en mi pensamiento, la verdad, pero me preocupaba, la miraba día tras día con en telescopio, eran tan perfecta…





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